¿Tienes fe en tu plan de vida?

¿Tienes fe en tu plan de vida o te resistes a tu destino?

Nos resistimos al destino porque no siempre entendemos lo que nos ocurre. Entonces nos dejamos llevar por un torbellino de miedo e incertidumbre, que es el encargado de apagar nuestra luz y acabar con nuestra fe.

La fe en que nuestro destino simplemente está cumpliendo su cometido. Y que debemos fluir en las circunstancias para empoderarnos de nuestra verdadero valor y acabar brillando bien pulidos. Toda una aventura hacía el interior de cada ser que extraerá toda su pasión, creatividad, amor, comprensión, compasión, empatía  y también sacará todos los miedos a flote, para que los enfrente y se aprenda a amar a si misma/o.

Normalmente nuestra pretensión es fluir por la vida desprendiendo amor, alegría, paz, entusiasmo, compartir, ayudar etc. Ocurre que los cambios repentinos nos dejan a veces temblando como los dibujitos animados y al no aceptar el cambio en lo que teníamos programado para alcanzar nuestros propósitos, generalmente nos desanimamos y entramos en la zona desesperanza.

Si pensamos un poquito en realidad pocas cosas salen como hemos programado; unas se desvanecen simplemente y otras acaban siendo incluso mejores. Evidentemente fluir en el segundo caso es mucho más fácil que en el primero, sin duda. Pero cuando aprendemos a discurrir y a dejarnos llevar desde la tranquilidad, es cuando seremos capaces de ver las posibles salidas y nuevas oportunidades que trae consigo ese cambio.

Como consecuencia nos sentiremos en una vida relajada, con la mente despejada y abierta de par en par para volver a encontrar de nuevo nuestro camino. Cierto que en ocasiones nos plantamos en disyuntivas que no sabemos como solventar. Bien porque nos encontramos sin medios, porque sintamos una encrucijada de sentimientos hacía alguien o cualquier circunstancia que nos pueda llegar a preocupar en demasía.

No se trata tampoco de tirar la toalla y no luchar por lo que quieres, pero hay que luchar cuando el viento sopla a nuestro favor; ya que a veces por más que hacemos por ello, no acaba de cuajar. Es entonces cuando debemos fluir con lo que ocurre y escuchar lo que el Universo nos quiere decir, a la vez que esperamos atentos a que el tiempo ponga las cosas en su sitio. No queda otra.

Estas situaciones son como un entrenamiento de fortaleza, creatividad, supervivencia, saber estar y sobre todo ser, nada fácil. Es verdad. Es una lucha interior entre titanes: El ego contra el amor y la fe. 

La escritora Shakti Gawain https://en.wikipedia.org/wiki/Shakti_Gawain describió en uno de sus libros lo que para ella significa fluir:

“Imaginemos que la vida es un río. La mayoría de la gente se acerca a la orilla, temerosa de soltarse y arriesgarse a ser arrastrada por la corriente. En un determinado momento, todos debemos estar dispuestos a soltarnos, confiando en que el río nos lleve sanos y salvos.”

Cuando nos llega de repente un cambio brusco es normal que nos sintamos en shock, descolocados y sin saber por donde tirar. Pero también podemos pasados los primeros momentos del asombro, relajarnos y otear las posibilidades que nos quedan, improvisando para poder tomar la ola y por lo menos llegar a la orilla, acercarnos de otra forma a lo que queríamos obtener.

Cuando después de todos nuestros intentos siguen saliendo imprevistos que impiden que ocurra lo que intentas lograr, es hora aprender a fluir; que también tiene mucho que ver con aprender a aguardar.. a esperar.

Nos han educado en el cliché de que todo hay que conseguirlo con mucho esfuerzo renunciando a momentos de regocijo, luchando contra corriente si hace falta. Y eso es bastante agotador e incluso peligroso porque te puedes ahogar en ti misma/o. Es cierto que se aprende, evoluciona y madura del sufrimiento y el esfuerzo, pero nunca os olvidéis que también se curte y nutre uno/a mucho de los momentos de placer y diversión.

Cuando las cosas no salen, espera que el viento sople en tu favor. Todo cambia en su justo momento aunque no lo comprendamos en el mar de la incertidumbre. No todo lo tenemos que entender y cuando confiamos más, nos preguntamos menos.

Ten fe en un tu plan de vida pase lo que pase. Porque sino… ¿Qué te queda?

 

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