IRA Y RABIA ¿De dónde nos vienen?

La ira y la rabia ¿de donde nos viene? ¿La podemos canalizar o evitar?

A todos nos puede pasar sentir rabia o ira en algún momento. Digamos que son unos sentimientos bastante naturales.

Aunque se medite y se sane hay situaciones que llega la ira y zas! nos explota en toda la cara y no se puede ni tan siquiera disimular.

¿Cómo puede ser eso si se está en el camino del amor y el perdón?

Porque está acumulada en nuestra alma y se junta con la de las situaciones y experiencias del tiempo presente. Es decir: Estos sentimientos son dolor y más dolor sin ser escuchados y atendidos durante cientos de años. Que si lo unimos al que podemos experimentar en esta vida, es un cúmulo bastante explosivo.

Puede ser por aflicción de habernos separado de nosotros mismos a nivel de conciencia, por haber hecho renuncias o sacrificios por las personas que amamos, dolor por haber escondido nuestros verdaderos sentimientos. En definitiva no haber sido nosotros mismos.

Aunque lo que hicimos fuera por amor porque es lo que pensábamos que era lo mejor en ese momento, nos dejo un vacío emocional por callar para no dañar o por miedo, por ejemplo de malos tratos, humillaciones, desprecios, que padecimos o por ese amor hacía un ser querido que no queríamos perjudicar.

Esos silencios emocionales salen ahora a flote, para ser sanados en esta vida y en otros muchos planos.

Aunque vivamos desde el corazón no olvidemos que somos seres humanos, y que hay circunstancias que nos perdemos por miedo al rechazo de los demás, o por querer encajar en algún sitio. Ese pavor a perder a los que queremos, nos hace querer alcanzar el amor de nuestros seres queridos, a cualquier precio para nuestra alma. Es un rol muy humano que crea duelos internos o lo que es lo mismo: Nos olvidarnos de nosotros.

Ese pesar mal gestionado se traduce en rabia pasiva y aunque no seamos conscientes, se queda en el fondo de nuestro interior, entonces de repente explota un día, cuando menos lo esperamos o en el momento más inoportuno. Incluso esta aflicción si no es canalizada, puede causar una depresión. Por nombrar alguna grave consecuencia.

Las energías actuales nos destapan ese dolor-ira interna, para que seamos conscientes de la desatención que tuvimos hacía nosotros mismos. Se plasma y lo sentimos en el chakra corazón, para que podamos trabajarnos esa dolencia en primer lugar y sobre todo para que aprendamos a tratarnos bien; como nos merecemos.

No debemos exponernos mucho a estas situaciones y sobre todo no tenemos que silenciar estos duelos, sino manifestarlos en la mejor armonía posible le pese a quien le pese. Muchas veces hemos experimentado que nos hemos entregado a alguien y no lo ha ni entendido, por lo tanto ni visto ni percibido. En esos momentos nos tenemos que dar cuenta, de que no podemos salvar a nadie de su propio destino y centrándonos en ellos hemos descuidado el nuestro.

En esta fase de este tipo de duelo nos hemos separado de nuestro verdadero ser. Reconociéndolo vendrá la aceptación hacía nuestros errores sin culpa y saldrá a flote, nuestro esencial ser y sentir y así no repetir esas actitudes que nos llevan hacía el sentimiento final de la rabia e ira. Podremos empezar de nuevo cuando nos demos cuenta de que nadie tuvo la culpa, en tal caso nosotros, que fuimos los que tomamos la decisión de actuar de esa manera.

Por lo tanto se puede estar en el camino del amor y sentir estos sentimiento en algún momento. Hasta que no lo aceptemos, no podremos sanar esa dolencia.

En estos momentos terrenales estamos en un proceso muy intenso de la energía, para sentir esto como nunca antes ya que estamos integrando la frecuencia vibratoria actual. Es algo muy favorable para ser congruentes con nosotros mismos.

Sentir rabia o ira no es retroceder, todo lo contrarío. Al ser conscientes de ello vamos hacia delante. Es como el primer paso para solucionar lo que sentimos y disolverlo.

No hay que desanimarse por estos sentimientos porque sentirlos no es malo. Eso si, mantenerse en ellos o esconderlos si es muy dañino.

Educar y enseñar a los niños a no esconder estos sentimientos sino a mostrarlos sin tapujos, con tranquilidad y sin temor con nuestro ejemplo, es asegurar que serán adultos sin ese run run interior que los devorará por dentro.

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