NIÑA/O INTERIOR. ¿Les prestas atención?

Niña/o interior. Todos lo hemos oído alguna vez. Pero sabemos lo que es?

Bajo mi verdad relativa y por supuesto basándome en mi experiencia la niña/o interior, es él/la que más influye en nuestro crecimiento emocional y personal.

Evidentemente no es físico no hay un lugar de encuentro palpable con él/ella, pero si podemos reunirnos con ell@s desde nuestro interior porque forma parte de nuestra esencia. La que simboliza nuestros atributos del corazón: Alegría, entusiasmo, amor incondicional, espontaneidad, pureza, vitalidad e incluso fragilidad.

No hay desarrollo ni crecimiento de ningún tipo si su finalidad, es aceptarnos y amarnos sin condiciones. Lo primero hacía nosotros; para luego poder expandir ese amor con los demás. Hacía todos los seres vivos y la Naturaleza.

Sin usar el corazón nunca haremos una total sanación. Entonces nos sentimos frustrados e insatisfechos con las cosas o personas que nos rodean, culpando a los demás de nuestras circunstancias, sin reconocer que ni siquiera somos capaces de perdonarnos y amarnos a nosotros mismos. Cómo hacerlo entonces con todo lo demás?

La soberbia y el orgullo que nacen desde el ego, es lo nos mantiene ciegos aparte de sufriendo.

Tenemos que reconocer y aceptar que nuestra inocencia, fragilidad y
vulnerabilidad fuese herida cuando éramos niños y que muchas de esas heridas nos acompañan a lo largo de nuestra vida. Las pequeñas son como que las olvidamos y las cerramos pero estas otras se mantienen abiertas continuamente y en un pronto, nos hacen reaccionar de manera agresiva e incluso algunas veces compulsivamente.

Cuando a veces ya en la vida adulta reaccionamos ante una situación de manera desmedida actuando fuera de si, es nuestra niña/o revelando su dolor con la yaga abierta.

Todo ese dolor es desde la infancia y es más, sino sanamos se va repitiendo y ensanchando en todas las etapas de nuestra vida. Como que nos persigue.

Se manifiesta este trabajo cuando deseamos reconciliarnos con nuestra tribu familiar o clan, ya que es la niña/o herida/o y su ideal de amor el que nos dificulta ver la realidad de como son nuestros progenitores, y sobre todo aprender a aceptarlos como son. Tarea difícil si se ha tenido unos padres ausentes, que no han sabido demostrar sus sentimientos, que han juzgado duramente o han intentado dirigir nuestro camino.

Es el/la niña herida la que habla por nosotros cuando emitimos juicios y críticas hacía nuestros padres. Nos hirieron en algún momento de la niñez sin reconocimiento, atención, amor o comprensión y estábamos indefensos. Pero en la edad adulta, es nuestro cometido escucharle y saldar esas heridas para cerrarlas de una vez por todas. En definitiva perdonar para sanar.

Lo primero es reconocer y aceptar ese dolor, que no deja de ser parte de nosotros y desde el punto adulto darle amor y protección.

 

COMO NOS PONEMOS EN CONTACTO CON NUESTRA/O NIÑA/O INTERIOR?

Es un ejercicio que se hace sintiendo desde el corazón y llenándolo de un recuerdo, que puede ser del pasado o del presente que sea grato. Que nos haga sentir algo como ternura, compasión incluso diversión. Hay que dejarse llevar por esa sensación, embriagarse de ella. De esa manera tan sencilla conectamos con nuestra niña/o interior, ya que en realidad quiere colaborar en reparar esas heridas acumuladas.

Cuando sintamos ese contacto ya nos podemos dirigir a ella/él y comunicarle directamente mediante meditación o en voz alta que ya no está sola/o, que está protegida/o, que le vas a escuchar, tenerle en cuenta y que le amas.

Recuerda que es una niña/o, háblale con cariño y ternura y dile cosas bellas. (Cada uno puede añadir todo lo que crea conveniente de lo que se hace con los niños: Acunar, abrazar, mecer, proteger). Cómo la realidad es que sabemos de sobra sus carencias porque somos nosotros mismos adultos, podemos decirle mejor que nadie lo que necesita oír.

Se puede repetir esta práctica las veces que cada uno considere necesaria, y sobre todo el día que nos sintamos más sensibles y vulnerables. Porque esos días son, los que más nos está pidiendo a voces nuestra niña/o interior que le consolemos.

Al reconfortarla/o estamos fortaleciendo el amor por nosotros mismos ya que uno de los vínculos con nuestra auto-estima.

No es que vayamos a tener una conversación en el sentido literal de la palabra, sino que notaremos como si fuera una energía de apoyo para saber que actitud tomar, para perdonar ese pasado de la niñez y retomar ese juego y manera de disfrutar, divertirse, alegrarse, regocijarse, contentarse, deleitarse y visión de la vida que tienes los niños.

Los niños no saben de rencor ni juzgan a nadie por las apariencias.

Ellos viven el momento presente como si fuera el último, aman a los suyos incondicionalmente, y aunque hayan sido lastimados se levantan y siguen jugando.

Recuperar ese sentir es garantía de alejar el sufrimiento incrustado por las heridas sin sanar de la ninez. A la vez que efectuamos la propia sanación al perpetrar la conexión con esa niña/o.

En definitiva como se puede deducir todo pasa por el trabajo interior; para sanar cualquier ámbito de nuestra vida y poder evolucionar hacía el AMOR. Siempre llego al mismo punto y mirar que doy vueltas!!

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